
Parte 3 de 3 · ~3 min de lectura
Un ruido los interrumpió. Un grupo de personas pasó corriendo cerca del lago, llenando el aire de risas y gritos. Camila se levantó abruptamente, como si el momento compartido entre ellas hubiera desaparecido en un parpadeo.
—Debo irme —dijo, su voz transformada de nuevo en aquella fría cortante que Niranya había escuchado antes. Su rostro no mostraba rastro de lo que había sido antes.
—Espera... —dijo Niranya, levantándose también—. Podemos hablar más. Puedo ayudarte.
Camila la miró, la expresión seria y distante.
—No puedes ayudarme —dijo, con un tono que sonaba como una advertencia, pero también como una despedida—. No deberías intentarlo.
Antes de que Niranya pudiera decir más, Camila se dio vuelta y comenzó a alejarse rápidamente, dejando atrás el banco, dejando atrás el lago, dejando atrás la conexión. Niranya la observó irse, una mezcla de frustración y convicción llenando su ser. Sabía que no podía dejarla ir. No ahora.
Justo cuando estaba a punto de seguirla, algo la detuvo. Una sombra, una presencia oscura, se deslizaba entre los árboles cercanos. Niranya la sintió, algo sombrío y pesado, como un presagio. Su corazón dio un brinco, y sus ojos se entrecerraron, buscando con intensidad en la penumbra.
—¿Qué eres? —murmuró, mirando la dirección por donde Camila había desaparecido.
Un escalofrío recorrió su espalda, y por un momento, la conexión con la mujer se desvaneció como si nunca hubiera existido. La quietud del paisaje la envolvía de nuevo, pero algo había cambiado en el aire. No era solo la presencia de Camila la que la inquietaba; había algo más en ese lugar, algo que aún no entendía, pero que le decía que debía descubrirlo.
Una sensación profunda le decía que esto no había hecho más que comenzar. Que, de alguna manera, Camila estaba en el centro de todo.
Niranya dio un paso hacia la sombra, pero se detuvo. La sensación era tan densa que, por un momento, pensó en retirarse. Una voz silenciosa dentro de ella la empujó a continuar, a dar otro paso hacia lo desconocido. Había un vínculo que no podía romper, una fuerza que no podía explicar.
El viento sopló nuevamente, llevando consigo una fragancia sutil, un susurro que parecía llamarla. Niranya cerró los ojos y, sin pensarlo más, extendió la mano hacia donde la sombra se había deslizado.
En ese momento, un destello de la memoria de Camila, algo fragmentado y distante, cruzó su mente. La imagen de Camila corriendo por un pasillo oscuro se formó en la mente de Niranya. Una figura sombría la seguía, ojos vacíos brillando en la penumbra, acechándola sin tregua. Niranya respiró hondo, intentando apartar esa visión, pero no pudo. Sabía que algo oscuro la había marcado, algo que todavía la seguía, como una sombra que nunca se disolvía del todo.
¿Qué era esa sombra? ¿Y cómo estaba conectada con Camila?
A lo lejos, el sonido de los árboles que se balanceaban con el viento se convirtió en un murmullo inquietante. Niranya, ahora más decidida, decidió seguir adelante. Sabía que este encuentro no era casual, que todo lo que había experimentado hasta ahora formaba parte de algo mucho más grande, algo que se revelaría a su debido tiempo.
Con paso firme, echó un último vistazo hacia la dirección en la que Camila había desaparecido y, sin dudarlo, comenzó a caminar hacia el misterio que la había atraído hasta ese lugar. Algo en su interior le decía que, sin importar lo que ocurriera a continuación, no había marcha atrás. Así que siguió adelante, decidida a encontrarla.